La Fondation Vasarely

Fondation Vasarely piano

Su estrambótico edificio en forma de panal de abejas y su curiosa V, símbolo de Vasarely (esa que habrás visto desde la A8 cuando te incorporas a la a51 dirección Marsella), son reclamos para pensarse conceder una visita a este museo arquitectónico del año 1976. El mal tiempo del domingo fue la excusa que necesitaba para por fin dedicarle un rato.

Mi veredicto: no lo recomiendo. Está desafasado, en su día sería una obra arquitectónica futurista alucinante, reconozco que el edifico en sí es llamativo y la distribución interior en forma de celdas-alvéolos mola. Además, si te gusta la historia del arte y los movimientos vanguardistas puede que te fascinen sus tapices con volumen y sus hexágonos de colores.

obras Fondation-Vasarely

Pero ya dese la primera sala se aprecia a simple vista que se cae a trozos, LITERAL: a la primera obra que me encontré de frente en la primera sala de exposición, construida con gresite (el revestimiento que llevan las piscinas, para entendernos) le faltaban un montón de piezas que han debido de irse cayendo con el tiempo y en sus casi 40 años nadie se ha molestado en reemplazar.

Por no hablar de los churretones de óxido que recorrían de arriba a abajo algunas de las paredes  o la tela desgarrada de los sofás y la suciedad y mal estado de conservación de las obras. Eso, señores del museo, da muy mala imagen.

Por lo que no creo que te extrañe que la tarifa a 9 euros me resulta excesiva para sus sietes salas que tardas en ver no mucho más de media hora si te paras a recrearte en cada obra. En realidad son ocho espacios o alvéolos, como ellos lo llaman, pero la sala número 1 es simplemente el hall de bienvenida donde no hay nada interesante que ver. Vamos que te sale a más de un euro la sala por ver 4 murales.

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Afortunadamente, nosotros contábamos con la tarjeta Pass my Provence, de la que ya aprovecho para hablar aquí, gracias a la cual tienes un 2×1 así que aunque la Fondation Vasarely sea un poco estafa por lo menos no te clavan mucho.

Sin embargo, no puedo arrepentirme de haber ido, ya que son ese tipo de visitas que tienes que hacer para poder opinar, aunque no te vaya a gustar. No quería quedarme con la duda de qué iba a encontrarme en su interior.

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